
Bien, creo que llegó la hora de tomarse este espacio en serio. Con el transcurso de los días (probablemente de las semanas), desarrollaré un par de temas que considero básicos en mi pensamiento. Hay otras "voladas" en las que me encuentro hoy en día, pero para entrar en ellas considero que es necesario empezar por las raíces.
Descarnemos el título para iniciar. Por supravaloración entendemos una valoración excesiva, más que considerar algo de forma respetuosa y darle el debido cuidado que merece, se tiende a poner en un podio por sobre el resto de las cosas, incluso sus pares y similares. Es por ello que cuando hago alusión a la supravaloración de la vida inteligente, estoy hablando de que nos ponemos por sobre el resto de las formas vivientes, nuestros pares que deben ser igual de apreciados. Y por vida inteligente, ya lo dejé entrever en las últimas líneas, entendemos a los llamados animales racionales que somos nosotros los seres humanos. Unos cuantos peldaños más abajo están nuestros parientes los mamíferos, encabezados por los primates, nuestra supuesta ascendencia directa.
¿En qué se nota esta supravaloración? Se nota en algo tan cotidiano como ver a las personas caminar por las urbes creyéndose dueños del mundo, botando al piso un envase de un paquete de papas fritas teniendo un basurero a unos próximos 100 metros; se nota en un cúmulo de 40 personas desplazándose de Santiago al sur de Chile para vacacionar en un ambiente "más limpio y natural", y profanando todo lo que la naturaleza ha construido tras largos años de vaivenes terrestres; se nota en el paso apresurado de importantes seres vestidos de terno en una plaza, desplazando a cuanta paloma ven en el camino y haciéndole el quite a unos perros desnutridos y mal olientes de la vía pública, etc. Se nota en la actividad humana. Desde nuestros primeros días de gloria como "reyes del mundo", los superiores, los más dotados, hemos pisado y roncado fuerte por sobre nuestros hermanos vivientes, porque los hemos usado como objetos de sacrificio, armas de guerra, mano de obra, medios de transporte, hasta medios de experimentación como se ve hoy en día. Los hemos usado como alimento fundamentalmente, es cierto, y creo que no hay nada de malo en eso, pues sería como criticarle a un depredador salir a cazar su presa, que es algo vital para mantener la cadena alimentaria. Muchos podrán decirme que no formamos parte de ella, pero la verdad es que la actividad humana tiene demasiada influencia, sino pregúnteles a las aves en las cercanías de las plantas de celulosa. Nuestro rol como "hermanos mayores" debiera ser modulador, tal y como se supone actuaban los Dioses en las civilizaciones antiguas, quienes estaban varios peldaños por sobre los humanos. No somos los dioses de los animales, plantas ni organismos unicelulares, pero si podemos ser entes reguladores de equilibrio, algo sin precendentes en la historia de los seres vivos. Me pregunto si a muchos de los empresarios de las transnacionales les habrán contado historias de pueblos élficos en su infancia, de enanitos que ayudaban a que los bosques florecieran, etc. Esa es metafóricamente la idea, colaborar con los ciclos de la naturaleza para que la vida perdure y se mantenga armónica. Lo que nosotros hacemos no dista mucho de lo que realizan las langostas: agotar los recursos de un lugar determinado, el que se vuelve estéril, y emigrar hacia donde haya más "alimento y nicho". No lo hemos hecho como humanidad completa porque todavía no tenemos otro planeta al cual irnos, pero siempre han habido en la mira (es cosa de ver la obsesión de los científicos por saber si hubo vida en Marte o si la hay en Titán o en Europa, lunas lejanas de nuestro Sistema Solar); pero esto ya está sucediendo desde que se inventaron los barcos... y estoy siendo muy benévolo al decir eso, porque empezó desde que el ser humano es nómade, sólo que ahí no agotaba todos los recursos porque no sabía cómo hacerlo, después con la agricultura y el comercio le empieza a cambiar el cuento (y más aún con los barquitos).
¿A dónde quiero llegar con esto? No se trata de decir no voy a comer más carne, me haré hindú o rastafari, me fumaré no sé cuantos pitos y voy a estar en armonía con la pachamamma (cosa que hacen muchos jóvenes de la "nueva onda"). Se trata de hacer esto colectivo, internalizarlo en la conciencia que lo que tenemos es un don, somos prodigiosos al poder dar más vida con nuestras capacidades, equilibrar el medio, hacer conciencia en la educación primaria, dar más énfasis a lo maravillosas que son todas las especies y toda diversidad terrestre, que en el vasto universo no se conoce ningún solo caso en que exista tal diversidad (ni siquiera vida). Cuando se incendian decenas de hectáreas en bosques o se muere no se qué cantidad de ganado por un brote viral, las personas sienten que es una gran pérdida, pero no en temas que competen a la vida, sino en lo económico. Quien ve algo así en el telenoticiario de inmediato piensa: ¡Qué pérdida! y el periodista obviamente entrevista al o los damnificados con tales catástrofes y uno se siente mal por ellos, pero nadie se lamenta por la pérdidad ecológica. ¡Pero no vayan a poner un caso de aborto inducido, porque eso si que es terrible! ¡No, pobre criatura, Dios sabrá por qué ocurren esas cosas! Está bien querer a los de la misma especie y lamentarse por la pérdida de uno de los nuestros, lo comparto absolutamente y duele en el alma cuando los embriones o fetos son reprimidos de su opción de vida, o cuando nace un bebito y es inviable, pero somos muy dispares en los criterios. Por ser uno de la casta inteligente se le da más valor que a los centenares y centenares de seres vivos que dejaron nuestro mundo con un incendio. Y peor aún, por tener sistema nerviosos nos duele más matar a un animal que a una planta, como si eso nos dijera que es más importante para el mundo o no. ¿Qué pensarían si les dijera que las plantas también sufren? La verdad es que no sé si eso en verdad ocurre. Los científicos dirían que no, porque no tienen sistema nerviosos ni terminaciones libres sensitivas del dolor, ni una vía eferente, etc. Es importante darse cuenta que nos sobrecogemos con el dolor, con el sufrimiento de otros, que es una respuesta de estrés evolutivamente avanzada (o eso se supone), así como también lo es el hecho que la plantita empiece a botar agua porque aumenta la temperatura. El sistema nervioso tiene una jerarquía especial y privilegia a todos los seres con tal jerarquía, pero contamos con una conciencia y voluntad para dirigir nuestros actos y condicionarnos de la forma que pretendemos, siendo humanos, mirando humanos, conviviendo con humanos, muriendo humanos; o bien, siendo humanos, pero seres vivos al mismo tiempo, uno como cualquier otro y respetando a ese otro como se merece.
